El
Manejo de las Defensas en el Psicodrama Terapéutico: de la Resistencia a la Espontaneidad
Arie
Gustavo Forselledo
Licenciado en Psicología
Director de Psicodrama
Como se ha desarrollado en múltiples entradas de este
blog, el psicodrama es un método psicoterapéutico de carácter vivencial y experiencial
que está centrado en la acción. A diferencia de los modelos que privilegian la
exploración verbal de los conflictos, el psicodrama invita al Protagonista a
representar situaciones, relaciones y experiencias internas en el aquí y ahora.
La Dramatización permite, de este modo, que pensamientos, emociones y actos
expresados a través de roles en relación, puedan ser observados y transformados
mediante la acción misma.
Es en este marco que las defensas psicológicas
adquieren un significado particular cuando se trabaja con psicodrama. Para
entender ese significado, presentaremos primero la concepción teórica del
Esquema de Roles y Núcleo del Yo del Dr. Jaime Rojas Bermúdez y luego veremos cómo se tratan las mismas en
las sesiones terapéuticas.
“Las
defensas del Yo son puestas en funcionamiento, primariamente, ante la confusión
de áreas del Núcleo del Yo. Este nivel “defensivo” corresponde a los
denominados “Mecanismos Reparatorios” (MMRR), que son respuestas del Yo hacia
el mundo interno o Núcleo del Yo buscando mantener el equilibrio y la
discriminación de la información proveniente de sus tres áreas: Mente, Cuerpo y
Ambiente expresadas como ideas, fantasías, recuerdos, sensaciones, emociones,
así como la diferenciación del individuo con su entorno (discriminación Yo – no
Yo).
Los
MMRR están condicionados por las propias funciones yoicas intelectuales, así
como por la espontaneidad y creatividad del Yo y, en sus contenidos, estarán
marcados por elementos culturales del medio, a saber, conocimientos, creencias,
prejuicios, etc.
Por
otro lado, las defensas del Yo se desarrollan también hacia el mundo externo o
entorno social, principalmente a través de los Roles Sociales. Cuanto más
desarrollados están estos roles, menor es el compromiso psicológico al
ejercerlos y, por ello, el individuo dispone de mejores recursos para la
protección y defensa de su equilibrio psíquico.
Las
defensas del Yo son, pues, estrategias de protección que éste emplea para
minimizar o neutralizar las tensiones internas y externas que generan ansiedad
y angustia como señales de peligro. Cuando el peligro es percibido como externo
y real, el Sí Mismo Psicológico se dilata y genera un espacio pericorporal
mayor de protección, dentro del cual todo estímulo es potencialmente dañino
para la integridad del individuo y por fuera de él puede ser controlado y
tolerado. Por ello, sólo los roles bien desarrollados pueden ser ejercidos en
situaciones de alarma. Cuando el peligro proviene del interior del individuo,
el efecto es el mismo, el Sí Mismo Psicológico se dilata y genera el mismo tipo
de espacio pericorporal de protección. Aquí es donde los mecanismos de defensa
del Yo son claves para neutralizar el “peligro”.
En
este caso, los mecanismos de defensa se aplican de forma inconsciente, por lo
que al Yo le resulta particularmente difícil reconocerlos y manejarlos.
Sin
embargo, permiten que el Yo se adapte de manera positiva a la realidad social y
mantenga el equilibrio psicológico. Los síntomas de desequilibrio psíquico,
malestar e inquietud emocional, los signos y síntomas neuróticos y psicóticos
aparecen cuando el Yo no logra defenderse adecuadamente ante la confusión de
áreas del Núcleo del Yo o cuando los mecanismos utilizados son rígidos,
inmodificables e ineficaces.
El
valor terapéutico del psicodrama en el desarrollo de defensas del Yo eficaces y
plásticas, reside en su capacidad para elaborar los conflictos del paciente en
el campo laxo del escenario, (con el Sí Mismo Psicológico contraído), mediante
técnicas que permiten el aprendizaje y el descubrimiento por la acción, así
como la objetivación “externa” de las situaciones planteadas por el cambio de
roles y la construcción de imágenes, entre otras técnicas. El aprendizaje y
desarrollo de roles sociales también es parte de este proceso de generación de
defensas maduras, flexibles y eficaces en el control y protección del
equilibrio psíquico.”
Durante las sesiones de psicodrama terapéutico las
defensas pueden manifestarse como evitación, intelectualización,
racionalización, bloqueo emocional, silencio, minimización o dificultad para
entrar en las escenas construidas con el Director y los Yo-auxiliares.
En el trabajo psicodramático no se pretende,
necesariamente, confrontar o eliminar estas defensas, sino más bien comprenderlas
como respuestas del Yo que, en determinados momentos, pudieron haber cumplido
una función adaptativa y que en el presente pueden representar patrones rígidos
o inadecuados que expresan el conflicto y a la falta de equilibrio.
Moreno planteaba que uno de los objetivos fundamentales
de la psicoterapia era el de favorecer la espontaneidad y la creatividad. El
creador del psicodrama definió la espontaneidad como la capacidad de responder
adecuadamente ante una situación nueva o de responder de manera novedosa ante
una situación conocida.
Desde esta perspectiva, una defensa excesivamente
rígida puede entenderse como una forma de respuesta inflexible, tensa e
insatisfactoria. De este modo, ante determinadas circunstancias, la persona
reproduce automáticamente esa modalidad conocida de pensar, sentir o actuar que
no mejora su adaptación y la mantiene bajo tensión. En este marco, el trabajo
psicodramático procura ampliar ese repertorio de respuestas, de modo que la
persona pueda descubrir otras modalidades posibles y satisfactorias.
El Director de psicodrama no necesita interpretar el
significado de una resistencia, sino que se pregunta qué función cumple, qué
nivel de ansiedad protege y qué condiciones son necesarias para que el Protagonista
pueda avanzar sin sentirse desbordado o bloqueado. El caldeamiento como etapa
de las sesión de psicodrama resulta especialmente importante en este proceso,
ya que le permite al Protagonista contraer su Sí Mismo Psicológico (SMP),
disminuyendo la tensión del campo y la ansiedad y lo prepara para el desempeño
de sus roles en la Dramatización, en un contexto seguro y relajado.
La
Dramatización como vía para flexibilizar las defensas
Uno de los aportes centrales del psicodrama consiste
en transformar el “hablar sobre algo” en el “mostrar cómo es ese algo”. La
acción puede facilitar el acceso a dimensiones de la experiencia que permanecen
ocultas o parcialmente disponibles cuando la persona utiliza exclusivamente el
lenguaje verbal descriptivo. La Dramatización y las técnicas de acción
constituyen una herramienta fundamental para conocer, manejar y mejorar las
defensas, pero respetándolas y entendiéndolas en su función protectora.
Por ejemplo, una persona que racionaliza
constantemente sus conflictos, puede ser invitada a representar una escena
concreta en lugar de explicarla. Al dramatizarla, pueden aparecer gestos, silencios,
emociones o impulsos, que son novedosos para el Protagonista y que no estaban
presentes en el relato racionalizado y rígido.
No se trata de “romper” la defensa mediante una
intervención brusca, sino de crear las condiciones para que aparezca una
experiencia nueva, conducente al aprendizaje para la vida y la catarsis de
integración. La acción psicodramática permite ensayar otras formas de responder
ante distintas situaciones de vida y comprobar que existen alternativas a los
patrones habituales de relación.
El
doble, el espejo y la inversión de roles
Entre las técnicas más relevantes para el manejo de
bloqueos y resistencias se encuentran el doble, el espejo y el cambio o
inversión de roles. Estas técnicas forman parte del arsenal técnico tradicional
del psicodrama terapéutico.
El
doble
“En esta técnica, el Yo-auxiliar se ubica al lado del Protagonista tratando
de adoptar al máximo la actitud postural y afectiva de éste último (Rojas
Bermúdez, 1984).
Para que el impacto de la acción del Yo-auxiliar sea lo más completa
posible, deberá expresar todos lo que el Protagonista siente y piensa y que,
por algún motivo no expresa o le cuesta percibir, desempeñándose además con la
mayor fidelidad posible. Esto dependerá de la formación, del insight y de la
espontaneidad del Yo-auxiliar.
En el armado de una escena cualquiera, el Protagonista y el Yo-auxiliar dialogan.
Ya en la Dramatización, el diálogo continúa hasta que las dificultades del Protagonista
aparecen manifiestas. Una de las opciones que el Director tiene en este momento
es, precisamente, la de introducir un Doble.
Si esta es la decisión del Director, la escena continuará y el Yo-auxiliar
expresará los miedos, las indecisiones, las emociones bloqueadas o evitadas y
los pensamientos no dichos por el Protagonista respecto de la situación
dramatizada. El Protagonista seguirá en interacción con su interlocutor, quién
no deberá responder al Doble, ya que éste es una especie de "conciencia
auxiliar" del Protagonista.
Como ya se mencionó, “la eficiencia del Doble dependerá de su habilidad
para percibir y comprender en pleno diálogo la zona y el tipo de conflicto del Protagonista,
así como sus medios de defensa, a los efectos de ir esclareciendo los
sentimientos e intereses en juego” (Rojas Bermúdez, 1984).”
El
Espejo
“La técnica del espejo es considerada como un eficaz procedimiento de
confrontación, ya que permite al paciente “verse” a sí mismo en una
reproducción del rol que acaba de interpretar.
Siguiendo a Moreno (1966) “Cuando el paciente no puede presentarse a sí
mismo, en palabras o en acciones, el yo auxiliar se coloca en la parte activa
del espacio psicodramático. El paciente o los pacientes permanecen sentados en
el grupo. El yo auxiliar reactúa al paciente, copiando su comportamiento y
tratando de expresar sus sentimientos con la palabra y el movimiento, y muestra
así al paciente o a los pacientes, “como en un espejo”, de qué manera lo
perciben los demás”.
La técnica del espejo se diferencia del doble en que no agrega nada, ni
verbal ni físicamente, a lo mostrado por el Protagonista en la escena,
reproduciendo lo más fielmente posible sus conductas corporales y verbales.
Durante la re-dramatización realizada por el Yo-auxiliar el Protagonista
permanece en el contexto grupal junto al Auditorio, lo que le permite alejarse
de la escena y tomar perspectiva de la misma.
“La fase del "reconocimiento del Yo" corresponde al método
psicodramático del espejo. Conocemos todos el asombro incansable de los niños
al verse en el espejo. Al principio el niño no es consciente de que ve en el
espejo una imagen de sí mismo. Pero lo que ve, lo inquieta y para convencerse
de que es real, saca la lengua o hace cualquier otro movimiento. Cuando
finalmente el niño comprende que la imagen del espejo es su propia imagen, se
ha producido en su crecimiento un punto crítico, un progreso decisivo en la
comprensión de sí mismo” (Moreno, 1966).
Se puede afirmar que el objetivo principal de la técnica es el de
ofrecer al paciente la posibilidad de objetivarse a sí mismo en las situaciones
conflictivas representadas en la Dramatización, con la perspectiva que da el
verse desde afuera. La distancia real y emocional que ello
representa, facilita el insight y la comprensión del conflicto. Es muy
común ver la reacción positiva del paciente cuando puede percibir que la imagen
que daba a los demás era significativamente distinta a la que él tenía de sí
mismo.”
La
inversión de roles
“La inversión de roles es una de las técnicas más empleadas en el
psicodrama y una de las que lo caracteriza. Esta técnica se basa en el
principio del “Encuentro” que, al igual que el psicodrama, fue creada por
Jacobo L. Moreno.
El principio del encuentro es una de las bases conceptuales del
pensamiento filosófico, de la visión antropológica y del modelo
psicoterapéutico de Moreno.
(…) Y esto es porque Moreno cree que el encuentro es “estar uno con
otro”, como fenómeno esencial de la naturaleza social humana. En el encuentro
dos personas son capaces de ponerse cada una en el lugar de la otra con una
correcta percepción télica y actuando con espontaneidad. Es pues, una cualidad
humana que no puede prepararse ni preverse de antemano, y sólo puede acontecer
en el instante.
El encuentro permite al ser humano relacionarse consigo mismo, con el
otro en el mundo y con la trascendencia.
(…) De este modo cada uno en la interacción se coloca en el lugar del
otro encarnado su personaje, adoptando su actitud física y compenetrándose con
la manera del ser del rol complementario.
Si la técnica se desarrolla apropiadamente, el Protagonista tiene la
invalorable posibilidad de “ver desde adentro” la realidad del otro,
confrontándose con lo que pensaba antes de él y logrando la vivencia simultánea
de los dos roles contrapuestos. La comprensión resultante puede, aunque no
siempre, permitir el insight psicodramático o catarsis de integración.
Objetivos
- Cambiar el rol jugado por el Protagonista por el de su interlocutor o
interlocutora a fin de permitirle explicar, entender y aprender un hecho o
situación, a partir del punto de vista del otro.
- Objetivar una situación de aprendizaje a partir de la realidad y punto
de vista del "Otro", así como verse a "si mismo" en acción
desde el rol complementario. Esto otorga la posibilidad de la vivencia
simultánea de los roles complementarios, lo que ayuda a mejorar la comprensión
de la situación y de la relación recíproca.
Procedimiento
Bien aplicada, la técnica de inversión de roles, produce beneficios
significativos en el procesos psicoterapéutico o pedagógico y es, posiblemente,
la más utilizada por su sencillez y sus resultados. El Director solicita al Protagonista
que se ubique en la posición de su interlocutor y adopte su rol y su actitud.
Luego pide que se reinicie la Dramatización desde el punto en que había quedado
o, en algunos casos, que se retome desde el principio, con los roles
invertidos. Posteriormente, en la etapa de comentarios, le pide al Protagonista
que manifieste que piensa y siente de haber estado en el “lugar del otro”.”
El rol del Director
El Director de Psicodrama debe mantener un equilibrio
entre facilitar la exploración y proteger al Protagonista de una activación
emocional excesiva. El manejo de las defensas requiere, por tanto, sensibilidad
clínica y atención al nivel de preparación de la persona.
Una intervención adecuada puede consistir en acercarse
gradualmente a la escena, modificar el ritmo, introducir una técnica de apoyo o
regresar a una situación menos amenazante. La espontaneidad no significa
ausencia de estructura: precisamente el encuadre, el calentamiento y la
conducción terapéutica proporcionan las condiciones necesarias para que pueda
aparecer una respuesta nueva.
En este sentido, el Director construye con el Protagonista
la puesta en escena para la Dramatización, pero no sugiere ni impone nada y
mucho menos interpreta el sentido o valor de sus resistencias. El Director
trabaja sobre hipótesis dramáticas y terapéuticas que son puestas en juego por
los Yo-auxiliares y las técnicas empleadas y que el Protagonista confirma,
modifica o rechaza. Esta característica protege la autonomía del paciente y
convierte a la intervención terapéutica en un proceso de exploración y
descubrimiento libre de contaminaciones.
De
la defensa rígida a una respuesta más flexible
El propósito último del manejo de las defensas en el psicodrama
terapéutico no es dejar al individuo sin defensas, sino favorecer una mayor
flexibilidad psicológica en el manejo de las mismas. Una respuesta que alguna
vez fue necesaria puede dejar de serlo cuando la persona adquiere nuevos
recursos y descubre otras posibilidades de acción.
La Dramatización proporciona un espacio de experimentación
y aprendizaje en el que es posible modificar una situación de vida, probar respuestas
diferentes, cambiar roles y volver a experimentar. Moreno consideraba
precisamente que la acción psicodramática permitía diferenciar y corregir, en
un contexto protegido, roles sociales y modalidades comportamentales, que
resultaban inadecuados en la vida cotidiana del paciente.
En otras palabras, el psicodrama terapéutico ayuda a
la persona a desarrollar la espontaneidad y la creatividad como herramientas de
liberación y cambio en las situaciones conflictivas, rígidas y sintomáticas. El
en el psicodrama supone, así, ampliar el repertorio de roles y recuperar la
posibilidad de responder de manera más libre, adecuada y creativa ante las distintas
situaciones de la vida.
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